Ambivalencia
- Karol Ceron
- 10 may 2025
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 6 jul 2025
Hay palabras que se dicen con el corazón antes que con la boca, "mamá" es una de ellas. El otro día fuí a un taller de escritura para madres, honestamente no tenía muchas ganas, por alguna razón los círculos de madres siempre me han parecido muy aburridos, pero me animé porque se trataba de escribir y al final no quedé decepcionada.
En el taller nos pidieron que describiéramos en una palabra lo que era ser madre para nosotras, individualmente y sin pensar en los constructos sociales, ¿eso se puede? – me pregunté en silencio–.
Hasta hoy carezco de inteligencia para describir satisfactoriamente este significado. Solo cuando lo eres puedes comprender, lo demás son palabras vacías. Ser madre se vive, no se describe porque también es algo individual. Porque aunque compartimos sentimientos, frustraciones y constructos sociales nunca será lo mismo ser la mamá de Karol que la mamá de Isa o de Juan o de Neto.
Pero tuve que soltar algo, ¿no me podía quedar atrás en el mundo competitivo de las mujeres verdad?. Elegí la palabra ambivalencia, porque sé lo que es ser madre, pero al mismo tiempo no tengo ni idea de como hacerlo.
A veces me descubro siendo para mi hija, la madre que yo necesitaba de niña: Un abrazo cálido, una mirada paciente, un gesto amable, la paciencia infinita en momentos de llanto. Otras me escucho comenzando a reproducir el diálogo que mi madre implantó en mí, uno feroz y desgastado. Me culpo, lo lamento y lo cancelo para mi hija y de paso para mí. Vivo y luego sobrevivo y aunque sea una mujer acostumbrada a los extremos, debo confesar que en los polos de la maternidad mi suelo tambalea. Aquí se siente todavía más intenso: El amor, la ternura, el miedo, la frustración.
No necesito dar más explicaciones, si eres mamá, ya habitas el significado, solo quería decir que ojalá te reconozcas tal mérito, que mires tus brazos y agradezcas haber arrullado, que toques tu vientre y sientas que te regaló un milagro, que te mires al espejo y te sepas valiosa. Ojalá para ti no haya flores, ni regalos vacíos mas bien que un sentimiento grande de sentirte amada por tus frutos, te rodee. Porque eres raíz y al mismo tiempo alas.



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